Agosto 1987
sábado, 20 de agosto de 2011
Siempre falta alguno...
Lo intentamos, pero en la foto familiar siempre falta alguien que no se entera, que se ha olvidado el traje de la peña, que no se ha maquillado... un jaleo, pero lograremos salir todos algún año; mientras tanto un avance del que no recuerdo el año.
Por cierto que si alguno del Kallejón tenéis más fotos (de mejor calidad) o que quieras compartir déjanoslas (las escaneamos, subimos al blog y os las devolvemos).
Por cierto que si alguno del Kallejón tenéis más fotos (de mejor calidad) o que quieras compartir déjanoslas (las escaneamos, subimos al blog y os las devolvemos).
martes, 3 de mayo de 2011
Santa Águeda
El primer fin de semana de febrero se celebran en Galápagos las fiestas invernales en honor a Santa Águeda Esta Santa , martirizada y perseguida por negarse a los deseos de un Senador (fe y Dios mediante), tiene una iconografía un tanto curiosa. Al menos para mi amiguete El Pesca, que siendo hijo del pueblo no hace tanto descubrió que lo que dicha Santa portaba sobre la bandeja, eran sus pechos y no dulces flanes.
Estas fiestas tienen lugar el 5 de febrero, aunque desde tiempos remotos, se comienza a festejar la víspera y 2 días después: el 6, “Santaguedilla”, y el 7 “Santaguedón”.
Y como debe ser, el pueblo se viste de fiesta con guirnaldas, pasacalles, bollos, aguardiente, hoguera nocturna amenizada con música y como no, una Santa Misa y Procesión. Así Santa Águeda, seguida por la imagen de la Virgen del Campo, recorren las calles del pueblo, portadas por los mozos y mozas, que llegando a la puerta de la Iglesia Parroquial de la Cátedra de San Pedro de Antioquía, subastan las andas, es decir, el derecho a introducir las imágenes en el templo.
No sé si Santaguedilla o Santaguedón, se festejaba como el “día de las casadas”, cuando se supone que las mujeres toman el mando del pueblo (de la villa en este caso), las llaves de la ciudad o el mandato en la casa. Tradición ésta a día de hoy sin mucho sentido, ya que la alcaldía, las llaves de la ciudad y de la casa se reparten (o debieran repartirse) de forma igualitaria entre mujeres y hombres.
martes, 1 de marzo de 2011
El bonsái
Desde que González anunció su pasión por los bonsáis, proliferaron como setas aquellos que te regalaban uno por tu cumpleaños: “Si es guay, tío. Es lo que se lleva. Es chic” Sí sí, desde que me lo regalaron no he parado de cuidarlo.
Yo creía que un bonsái era una simple planta … NOOOO. No es una planta cualquiera. No sólo es una planta en miniatura, es un ARTE. Un verdadero arte en el que se controla el crecimiento del follaje y de las ramas de un árbol mediante una serie de técnicas. Técnicas milenarias nacidas en la antigua China. Técnicas en las que me instruí para aplicarlas con precisión, paciencia y armonía. Porque en sí, este arte, consiste en eso: lograr el crecimiento armónico de un árbol en miniatura.
Pues dispuesto a mantener el dichoso bonsái me hice socio de la biblioteca de mi barrio, me compré libros y me hice amigo del dependiente de la floristería de la esquina, todo ello para adquirir conocimiento sobre el arte del cultivo del bonsái.
Mi bonsái, EL bonsái. Lo regaba con frecuencia. Lo pulverizaba. En verano evitaba que el sol le diera directamente y en invierno lo acercaba a la ventana para que no le faltara luz. Lo trasplanté a un macetero más apropiado. Me hice con el mejor abono (especial para bonsáis por supuesto). Observaba celosamente sus hojas, a veces con lupa incluso, por el haz y por el revés, en busca de araña roja o amarilla, cochinillas blancas o de algodón, simple purgón o cochinillas diaspinas. A la menor presencia de algodón, bolsas marrones, puntos rojos u hojas amarillas, lo vaporizaba con insecticidas naturales, le rascaba las zonas afectadas con alcoholes especiales o le aplicaba insecticidas fosfatos.
También me aconsejaron que le aplicara una poda bimensual, sutil, ligera. Para este menester no vale cualquier tijera; me hice con unas especiales para bonsáis. Son más cortas y estrechas que las de jardinería para llegar a los rincones más pequeños.
En fin, que os hacéis una idea de los cuidados que le dediqué al bonsái. MI BONSAI. La verdad es que no crecía mucho… tampoco enfermaba…Y en 7 años que estuvo conmigo esto era asombroso! ¿sería por mis cuidados? Eso creía yo… cierto día le pregunté a un amigo si creía que lo estaba cuidando bien… estaba realmente preocupado por mi bonsái…. Aún no salgo de mi asombro cuando me dijo… “hombre sí, lo jodido es que se hubiera secado…. Es de plástico”.
Este cuento va para ti, colega, un gran tío, un crack. Mis respetos y mi admiración, por tu paciencia, por tu saber estar, por encajar las bromas y por aguantar a esa panda de borrach@s (también estupend@s), y lo mejor de todo, por inventarte esta historia, eso sí, este año en la Peña, entre el ventilador y la colección de copas, ponemos el BONSAI.
domingo, 27 de febrero de 2011
La religión, las iglesias y sus imágenes.
Durante un tiempo he sido creyente, católica y practicante. Ahora practico lo que me dejan; me considero católica (ser apóstata cuesta mucho esfuerzo y empezar a creer ciegamente en otras cosas me da un poco de pereza) y soy creyente… pues no lo sé, porque me fastidia que Dios se tome unas vacaciones tan largas.
Una vez llevaba a una niña de unos 6 años de la mano y entramos en una iglesia. Hasta ese momento mi mente cristiana no se había cuestionado lo que veía (o sí?), el caso es que no he vuelto a entrar a una iglesia con un ser inocente que empieza a preguntarse por la realidad (enfrentarme a la etapa infantil del "por qué" era fácil, pero esta nueva etapa… paso). En fin, que tras entrar a un edificio en el que huele a rancio, está a oscuras y las mujeres o hermanas de la Virgen te miran de reojo (contado así parece la entrada a la casa del terror), lo primero que mis ojos ven cuando se acostumbran a la penumbra es a una señora con una larga túnica y una bandeja en la mano, ilusa de mi que creía que era la señorita camarera que me preguntaba si quería zona de fumadores o no fumadores, pero no, la inocente niña que llevaba de mi mano me pregunta: "por qué esta señora lleva unos ojos en la bandeja?". Ojos? No, no, serán piedras, mira esta otra Imagen…”¿Y en esta imagen, por qué la mujer lleva unas tetas en la bandeja?” Decirle que eran flanes me sonaba un tanto obsceno, por lo que opté por apretar mi mano, mi paso y decirle, mira este señor qué majo, con un cochinillo. La siguiente pregunta no se hizo esperar: "qué mascota más rara? por esa época no había perros?” Pues… ups, supongo que sí, no?? Claro que me recuerda la fiesta de San Martín, que siendo el protector de los animales existe desde tiempos remotos escrito en el refranero eso de que a cada cerdo le llega su San Martín, y comerte por esas fechas la mascota de otro santo… en fin, que sin querer meterme en un berenjenal recorro la Iglesia con la mirada para centrarme en otra imagen. Tengo dónde elegir… la imagen de la mujer con la espina clavada en la frente, el señor con el corazón en la mano, el que tiene una corona de espinas… puff, casi mejor me salgo al parque y busco ayuda en el bar. Cosa curiosa, os habéis fijado alguna vez que frente a la iglesia de cualquier pueblo, por pequeño que sea, hay una tasca? Vale, en Galápagos no, pero es que nadie dijo que todo lo que se publique en este blog sea ni cierto, ni autóctono….
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